Moscas

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VERDICT: Con un trasfondo de pobreza y penurias endémicas, el galardonado director mexicano Fernando Eimbcke teje una historia encantadora, a menudo cómica, de amor, pérdida y soledad en torno a una mujer solitaria y sus dos inquilinos temporales.

Las moscas y su irritante zumbido son la pesadilla de un día de verano, y dan a la primera escena de Moscas una sensación de comedia muda perfectamente sincronizada. Esta es la historia de un hombre y su hijo de 9 años que se alojan precariamente con una casera reticente y de mirada fría mientras la madre del niño está en el hospital. Con una historia tan simple y tierna, es una película que atraerá tanto a niños como a adultos, quienes disfrutarán del mismo humor, pero quizás capten más matices.

Dirigida por Fernando Eimbcke en un blanco y negro nítido y con una precisión que parece natural, Moscas marca el bienvenido regreso del guionista y director a un entorno mexicano después de que su película Olmo (2025), una comedia adolescente ambientada en Estados Unidos, no tuviera mucho éxito. Moscas  evoca sus tres primeras películas extraordinarias : Temporada de patos, proyectada en Cannes; Lake Tahoe, que debutó en la competencia de Berlín, ganó el Premio Alfred Bauer y el FIPRESCI; y Club Sandwich, que ganó la Concha de Oro en San Sebastián. Esta  nueva película – impulsada por la reputación del director- parece lista para emprender un vibrante vuelo a festivales internacionales tras su estreno en la competencia berlinesa.

Olga (Teresita Sánchez de Dos Estaciones) es una mujer fría que vive sola,  concentrada en su impecable apartamento y los achaques y dolencias propios de la edad madura. Para completar sus gastos, le alquila una habitación a Tulio (Hugo Ramírez), cuya esposa está en un hospital cercano, pero él omite mencionar que viaja con su hijo Cristian (Bastián Escobar). Padre e hijo tienen una relación conmovedoramente  cercana. Como no se permiten niños en el hospital, pasan gran parte del día vagando por las calles de la ciudad, comiendo en fondas baratas e incluso compartiendo sándwiches sentados en la acera entre los coches estacionados.

El papá tiene una energía infantil cuando está con el niño. Cristian descubre Defensores cósmicos un video juego de los noventa en una maquinita, que le encanta y se convertirá en su obsesión pero Tulio es firme con el dinero que apenas alcanza para la medicina de su esposa.

Olga no tarda en descubrir la presencia del niño en su casa y le da un ultimátum a Tulio. Una de sus reglas es no escuchar historias sobre las enfermedades de los pacientes, y no se ablanda ni siquiera cuando Tulio se ve obligado a irse de la ciudad para ganar más dinero. La dignidad que Ramírez aporta a este papel es asombrosa, pero no conmueve en absoluto a Olga. En su descorazonada  autoprotección se percibe un eco de Dora, la cínica escritora de cartas para analfabetos en Estación Central (1998) de Walter Salles, obra fundamental del cine latinoamericano. Pero así como Dora se involucra, a pesar suyo, en la búsqueda del padre del niño, Olga se ve arrastrada por el deseo desesperado de Cristian de ver a su madre. Aunque antes amenazó a Tulio  con llamar a la policía si no desocupaba su habitación el fin de semana, ahora infringe la ley con total naturalidad, consiguiendo un documento falso para que Cristian pueda entrar al hospital.
Aunque el cambio de actitud de Olga con el chico es fácilmente previsible como parte de la estructura de la película, su propia transformación interior está presentada  de forma hermosa y sorprendente. El lenguaje corporal de Sánchez lo dice todo cuando pone un disco y baila chachachá con Cristian, abriendo por primera vez su rostro en una sonrisa deslumbrante.

La película está llena de batallas, pequeñas y grandes, y habrá ganadores y perdedores. Como sabemos desde el principio, la lucha de Olga contra los molestos insectos voladores es desigual; nunca los vencerá. Los repetidos y obsesivos retornos a la maquinita de los Defensores Cósmicos son el equivalente literal de esta lucha interminable, que involucra a los tres personajes antes de que la historia termine. En una escena muy conmovedora por su poca dramatización, Tulio usa a los invasores espaciales auto multiplicadores del juego para explicarle a su hijo cómo proliferan las células cancerosas en el cuerpo humano.

Esta es también una película de pocas palabras y muchas imágenes impactantes. La cinematografía en blanco y negro de Maria Secco ilumina el edificio de apartamentos con sus antiguas ventanas y escaleras, convirtiéndolo en un territorio familiar, pero conservando la sensación de algo extraído del pasado. En lugar de música, Eimbcke da espacio al ingenioso diseño de sonido de Javier Umpierrez, creando un universo urbano ruidoso con sirenas, alarmas y ruido de vecinos. Es una elección que subraya la sensación de inquietud en el fondo que nunca pasa.

Director: Fernando Eimbcke
Guion: Fernando Eimbcke, Vanessa Garnica
Productores: Eréndira Nuñez, Michel Franco, Fernando Eimbcke
Elenco: Teresita Sánchez, Bastian Escobar, Hugo Ramírez
Fotografía: Maria Secco
Diseño de producción: Alfredo Wigueras
Diseño de vestuario: Gabriela Fernández
Edición: Salvador Reyes Zúñiga, Fernando Eimbcke
Diseño de sonido: Javier Umpierrez
Compañías productoras: Teorema (México), Kinotitian (Mexico)
Ventas internacionales: Alpha Violet (France)
Berlín Film Festival (Competencia)
En español
99 minutos