Amarga navidad

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VERDICT: El icónico veterano español  del cine Pedro Almodóvar ofrece más dolor que gloria en Amarga Navidad, un drama semi-autobiográfico y autocrítico  -aunque  de forma suave y delicada- en la etapa tardía de su carrera.

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La leyenda del cine español Pedro Almodóvar continúa su etapa otoñal de trabajos decorosamente poco fuertes con Amarga Navidad, una reflexión profunda sobre la amistad, el proceso artístico y las complejidades éticas que la realización cinematográfica tiene en sí misma. Un raro caso de un estreno no mundial que logró un lugar en la competencia  de Cannes, este melodrama de bajo voltaje ya tuvo su estreno nacional en marzo, recibiendo críticas mixtas.

Por supuesto, siendo una película de Almodóvar Amarga Navidad sigue estando bellamente manicurada  y exquisitamente estilizada, mostrando más destreza visual y  humor irónico que la mayoría de las aspirantes a la Palma de Oro. Pero da la sensación de que el auteur de 76 años se repite con una pieza de autoficción en tono menor que demasiadas veces  se desliza en piloto automático. Curzon ha firmado los derechos para Reino Unido e Irlanda, mientras que los socios habituales del director en Estados Unidos, Sony Picture Classics, cubren América del Norte.

Tras una serie de proyectos en inglés, destacando su elegantemente  sombrío drama de muerte asistida The Room Next Door (2024), la primera película de Almodóvar en su lengua materna en cinco años le devuelve a algunos temas familiares de esta etapa de su carrera. De hecho, Amarga Navidad casi parece un semi-remake de su éxito crítico y comercial galardonado, Dolor y gloria  (2019). Ambos son retratos semi-autobiográficos de cineastas veteranos que reflexionan sobre el amor, la pérdida y la enmarañada relación entre el arte y la vida.

Amarga Navidad se plantea también como la película más autocrítica del peso pesado español hasta la fecha. Lo cual puede ser cierto pero, como gran parte de su obra posterior, también ofrece poco de la picardía lujuriosa, el humor negro y la anarquía queer de sus primeros trabajos. Por supuesto los artistas exitosos maduran inevitablemente hasta convertirse en un consejo de ancianos, pero la  restricción moderada nunca le ha sentado bien  a  Almodóvar. El precio de tener una voz autoral tan fuerte, hasta el punto de crear esencialmente tu propio género, es que siempre serás juzgado en función de tu fabuloso trabajo temprano.

Ampliada a partir de un relato corto escrito por el director hace muchos años, Amarga Navidad transcurre en el ya familiar Universo Cinematográfico de Almodóvar, con artistas angustiados que viven en apartamentos impecablemente amueblados en rincones bohemios adinerados de Madrid. La historia entrelaza dos tramas paralelas, que tienen lugar con 20 años de diferencia, con personajes y acontecimientos que se reflejan conscientemente entre sí.

En las escenas más contemporáneas, el director de cine gay mayor Raúl (Leonardo Sbaraglia), claramente un sustituto de Almodóvar, lucha con una baja de inspiración. Comienza a escribir un guion sobre otra cineasta, Elsa (Bárbara Lennie), un ejercicio de autoficción que cambia los géneros de los protagonistas pero que sigue siendo fuertemente autobiográfico. Estas primeras secciones transcurren en 2004, un año que Almodóvar considera clave para él, posiblemente debido a su éxito de taquilla meta-ficticio La mala educación  (2004), que también presentaba a un director protagonista en dificultades y numerosos hilos de flashback.

En una de las escenas más divertidas de la película, Elsa explica a una enfermera de hospital desconcertada que ella es una cineasta de “culto”, lo que significa que “a la mayoría de la gente no le gustan mis películas”. Aun así, disfruta de un estilo de vida lujoso gracias a la realización de anuncios de televisión y vive con un novio más joven y sexy, el atractivo Bonafacio (Patrick Criado), bombero y stripper ocasional.

Pero, al igual que Raúl, que vive con su hombre más joven Santi (Quim Gutiérrez), estas parejas no parecen estar bien empatadas ni intelectual ni emocionalmente. Tanto en las tramas “reales” como en las ficticias, Elsa y Raúl están rodeados de amigos cercanos que sufren tragedias familiares, duelos por shock y rupturas de relaciones, traumas privados que estos cineastas sin escrúpulos canibalizan sin pudor para sus guiones.

Amarga Navidad explora suavemente estas ideas en su episodio central, sin llegar nunca a convencernos del todo de que las ansiedades introspectivas de unos pocos artistas neuróticos adinerados son algo más que una montón de frijoles en el mundo real. Pero un crescendo dramático satisfactorio llega finalmente en el acto final, cuando la recientemente retirada y brutalmente honesta exasistente de Raúl, Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), le reprende iracunda por ser un vampiro emocional, alimentándose egoístamente de las trágicas vidas de amigos, amantes y familiares sin su consentimiento.

Este, por mucho tiempo esperado, clímax es la parte más aguda de la película, un comentario autoficticio sobre la ética de la autoficción en sí, con Almodóvar intentando alcanzar algunas críticas de sí mismo. Sin tapujos, Mónica le dice a Raúl que se ha convertido en un consolidado artista complaciente, viviendo de su prestigio y bordeando un trabajo mediocre. Su nuevo largometraje, argumenta, será “una película menor pero tus seguidores la aceptarán.” Almodóvar seguramente sabe que esta crítica podría aplicarse igualmente a Amarga Navidad. Pero, por supuesto, diagnosticar el problema no es lo mismo que solucionarlo.

Disfrutada puramente como melodrama de lujo, Amarga Navidad tiene muchos elementos atractivos, incluyendo interpretaciones uniformemente sólidas, especialmente de Lennie y Sánchez-Gijon. El director de fotografía Pau Esteve Birba, el diseñador de producción Antxón Gómez y la directora artística Isabel Peinado también hacen un gran trabajo. La paleta visual, como siempre, es un lienzo precioso de vívidos tonos cítricos y modernismo Pop Art, mientras una breve subtrama rodada en Lanzarote aprovecha al máximo la impactante belleza extraterrestre de la isla. Varias canciones dolorosamente bellas de la legendaria cantante mexicana Chavela Vargas tienen un papel destacado, mientras que una exuberante partitura orquestal de jazz, compuesta por Alberto Iglesias, habitual de Almodóvar, añade una capa de opulencia sensorial. Es una película impecablemente confeccionada, aunque la tela se sienta un poco delgada.

Director, guionista: Pedro Almodóvar
Reparto: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado, Milena Smit, Quim Gutiérrez
Fotografía: Pau Esteve Birba
Edición: Teresa Font
Música: Alberto Iglesias
Diseñador de producción: Antxón Gómez
Director de arte: Isabel Peinado
Diseñador de vestuario: Paco Delgado
Productor: Agustín Almodóvar
Productora: El Deseo (España)
Ventas mundiales: Film Factory
Muestra: Festival de Cannes (Competencia)
 En español
112 minutos