5 minutos más

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VERDICT: Una pareja en crisis se ve atrapada en una espiral de tiempo en este thriller fantástico —ingeniosamente construido, con humor negro, lleno de giros— del director español Javier Ruiz Caldera.

Según un viejo chiste, las relaciones de pareja solo son dos personas preguntándose mutuamente qué quieren cenar, atoradas en una repetición interminable, hasta que una de ellas muere. El thriller en tono de comedia del director español Javier Ruiz Caldera, 5 minutos más, con una estructura ingeniosa, empuja este desolador remate a extremos oscuramente hilarantes, atrapando a un matrimonio en crisis en una espiral de tiempo recurrente de cinco minutos que, con cada embobinado, se vuelve más macabra y violenta.

La película nunca explica su audaz premisa, solo insinúa repercusiones apocalípticas más amplias que ocurren fuera de los tensos eventos descritos en la pantalla, y nunca se esfuerza por plantear teorías filosóficas profundas. Sus vertiginosos giros argumentales, sus risas y su ritmo de ataque de pánico dejan poco espacio para que alguien cuestione la carnicería caricaturesca, descaradamente ilógica, que se desarrolla aquí en compactos segmentos en tiempo real.

Estrenada en San Sebastián, esta propuesta de Caldera, repleta de giros y atractiva en la taquilla, se siente como una de esas raras producciones españolas que podrían viajar más allá de los mercados hispanohablantes. En su debut en Estados Unidos en el Fantastic Fest de Texas este fin de semana, 5 más minutos sin duda generará repercusión internacional en festivales afines al género antes de su estreno en cines españoles en enero de 2027.

La popular estrella de la televisión catalana Berto Romero, colaborador habitual de Caldera y creador de la exitosa serie de comedia de terror El otro lado, escribe y coprotagoniza aquí como Toni, un esposo y padre de unos 50 años cuyo matrimonio con Bárbara (Belén Cuesta) está pasando por una mala racha. En un esfuerzo por solucionar sus problemas, la pareja reserva  un retiro de fin de semana en una casa vacacional de alquiler en el pintoresco y ondulado paisaje rural cerca de Girona. En este idílico rústico, sin señal de teléfono ni wifi, esperan que una “desintoxicación digital” les ayude a relajarse, reiniciar y reparar su relación.

Al menos esa es la teoría. Pero cuando el excéntrico administrador de la propiedad, Carlos (Javier Cámara), les entrega las llaves, Toni y Bárbara se encuentran atrapados en misteriosa e intermitente espiral de tiempo. Cada repetición dura precisamente cinco minutos, devolviendo a los tres protagonistas exactamente al mismo momento y lugar, de pie juntos en el jardín. Sin embargo, sus recuerdos no se borran con cada reinicio, por lo que pueden recordar todas las escenas de los cinco minutos anteriores y ajustar su comportamiento en consecuencia. Crucialmente, si algo se daña, o si algún ser vivo resulta herido, no se arreglará en el siguiente capítulo. Lo roto sigue roto, los muertos siguen muertos.

Esta lógica narrativa interna puede sonar arbitraria, pero conduce a desarrollos altamente imaginativos y sanguinarios a medida que 5 minutos más se adentra en sus ciclos repetitivos. A medida que Toni y Bárbara se ven consumidos por el pánico y la paranoia crecientes, el número de víctimas a su alrededor aumenta debido a accidentes automovilísticos fatales, huesos rotos a propósito, un asesinato con pico y más. Mientras tanto, la narrativa musicalmente rítmica se convierte en una especie de improvisación libre de jazz, desviándose hacia subtramas cada vez más extrañas que involucran cocaína, un accidente aéreo, un psicópata con una escopeta e incluso un caballo que pasa al azar.

Muchas películas anteriores han encontrado ángulos dramáticos fructíferos en las tramas de los círculos temporales, notablemente el bienamado clásico de Bill Murray Hechizo del tiempo (Groundhog Day, 1993), Corre, Lola, corre de Tom Tykwer (1998), el thriller de ciencia ficción de Tom Cruise Al filo del mañana (2014), y más. La visión de humor físico “pulp” de lujo de Caldera  tiene ecos de Los cronocrímenes (2007), del también director español Nacho Vigalondo, aunque su espíritu lúdicamente irónico también recuerda a especialistas de culto elevados como Quentin Dupieux, Sam Raimi y Álex de la Iglesia.

Caldera y Romero caminan por una línea muy fina entre la pura comedia física al estilo Looney Tunes, el gore cercano al terror y los elementos dramáticos más oscuros. Lo más importante es que, por muy disparatada que sea su premisa, la abordan con destreza técnica impresionante. Los tres actores principales ofrecen interpretaciones meticulosamente sincronizadas con diálogos rápidos que chisporrotean con una irresistible energía nerviosa. Sergi Villanova Claudín fotografió, con libertad y movimiento,  la mayoría de estos segmentos de cinco minutos como planos secuencia, con uno que se divide elegantemente en dos puntos de vista paralelos en pantalla dividida. Se necesita mucho trabajo coreografiado y planeado minuciosamente para llevar a la pantalla este nivel de caos  delirante. Un vertiginoso placer escapista de principio a fin, 5 minutos más está llena de sorpresas, la mayoría de ellas terriblemente divertidas.

Director: Javier Ruiz Caldera
Guion: Berto Romero
Reparto: Javier Cámara, Berto Romero, Belén Cuesta, Carlos Bernardino, Marc Soler, Clàudia Melo
Fotografía: Sergi Villanova Claudín
Edición: Alberto de Toro
Música: Clara Aguilar
Productores: Clara Valle Santos, Anna Vilella, Bernat Elias, Javier Méndez, Edmon Roch
Compañías productoras: El Terrat (España), The Mediapro Studio (España), Ikiru Films (España), Movistar Plus (España)
Ventas internacionales: Filmax, España
Sede: Festival Internacional de Cine de San Sebastián (Sección Oficial)
Duración: 92 minutos