Ana María (una encantadora Zoe Bonafonte), una energética chica de 19 años que solo quiere divertirse, bailar en la feria, coquetear y tener novio. Actividades difíciles cuando eres de una “buena” familia, muy tradicional y católica. Sus padres consideran casi todo un pecado mortal y perder la virginidad antes del matrimonio es un crimen que se castiga con el encierro en un manicomio, un convento o una casa con trabajos forzados. Se calificaba, por profesionales de la salud, como “incompletas” a las mujeres no vírgenes. Tampoco ayudaba que en 1974 en la España franquista Spain, la mayoría de edad se conseguía a los 21 años. Esa ley cambió en 1978. Así es que Ana es enviada a un reformatorio en otra ciudad.
La más dolorosa traición para Ana es la falta de empatía de su madre, quién ni siquiera cree en su palabra. Cómo el cine ha demostrado varias veces, el valor de ley es lo más castigado cuando se está internado en una institución. Como Frances Farmer y Randle McMurphy antes que ella, Ana es castigada todo el tiempo. La sororidad aún no se descubría pero la amistad era posible, se convirtió en un refugio para Ana que pronto encontró solidaridad y confort en sus compañeras de desventuras.
El bien escrito y cuidadosamente investigado guion, basado en historias verdaderas, del director Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevarría deja claro que el abuso criminal era no solo de una orden religiosa, ni siquiera de la iglesia católica, sino de una sociedad que no solo soportaba sino que era cómplice de un estado que nunca consideró a las mujeres como ciudadanas completas. Aún más devastadora es la complicidad de las familias con el cerebro lavado que privilegiaban la patriarquía y hasta el “que dirán” sobre el bienestar de sus hijas. Para no hablar de las monjas con votos de obediencia y castidad retratadas aquí con una madre superiora que dice con mirada espeluznante “tu eres una tentación para cualquiera”.
Daniel Monzón es un reconocido director español con muchos Goyas en su armario. Su dirección aquí es menos que sutil con un tono melodramático. Tal vez estaba tan enojado al documentar estos abusos como como la audiencia al verlos. La atmósfera sombría se apoya en la estética pesada de la época, con maderas oscuras y cortinas pesadas.
La película trae recuerdos de la impactante The Magdalena Susters de Robert Mullan, sobre adolescentes más bien ingenuas pero etiquetadas como “perdidas” por la iglesia católica en Irlanda. Estás son películas actuales porque en las películas españolas de esa época una chica -digamos Rocío Durcal- podía huir de su casa, encontrar refugio en una familia de solo hombres -como los enanos de Blancanieves, pero tamaño estándar- dedicados a pintar figuras navideñas. En Tengo 17 años de José María Forqué (1964) el problema de la trama era encontrar el perfecto tono de bermellón; la chica era recibida en su casa con los brazos abiertos en Navidad
Ruega por nosotras está dedicada a las mujeres encerradas en instituciones en toda España hasta 1982. Es un testimonio indispensable con el renacimiento actual de fanáticos de todas las religiones.
Dirección: Daniel Monzón
Guión: Jorge Guerricaechevarría, Daniel Monzón
Productores: Sandra Tapia Díaz, Ibon Cormenzana,
Ignasi Estapé, Ángel Durandez
Elenco: Zoe Bonafonte, Manuela Calle,
Adelfa Calvo, María Cerezuela,
Shiara Fernández, Carla Domínguez,
María Gandiaga, Malena Gutíerrez,
Belén Cruz, Bea Segura, Xavi Sáez
Photography: Carles Gusi
Música: Roque Baños
Edición: Mapa Pastor
Sonido: Tamara Arévalo
Dirección artística: Balter Gallart
Compañías productoras: Arcadia Motion Pictures SL (España), en coproducción con Amalur Pictures (España) and Noodles Production SARL (Francia)
Ventas internacionales:
Film Factory
Distribución:
Elastica Film (Spain)
Duración: 136 min.
