A veces me entra la tristeza, a veces la rebelión fue rodada mientras la directora estaba en una estancia académica en Madrid, es en sí misma un acto de resilencia dado el retiro de cualquier tipo de apoyo al cine argentino por el gobierno de su país.
Maria Aparicio trabajó con un equipo mínimo, fotografiando la mayor parte con luz natural, y terminó una obra personal de calidad que seguramente hará un buen recorrido por festivales y podrá exhibirse con éxito en Argentina, un país que ha sido muy prolífico en cine político y activista. A veces me entra la tristeza… es un bienvenido cambio, es sobre todo empática, sutil y muy actual.
Eva (Eva Bianco), una directora argentina pasa unos días en Madrid, después de asistir a un festival en Francia. Vaga por la ciudad sin demostrar mucho interés. Por casualidad conoce en un museo a Dante (Roger Koza) un paisano de Córdoba, Argentina, quién la ha visto antes en los cines de su ciudad. Dante vive temporalmente en Madrid gracias a una beca, estudia y está obsesionado con Juan Bialet Massé escritor catalán de principios del Siglo XX que viajó a Argentina para estudiar las condiciones de los trabajadores. En varios encuentros Eva y Dante comparten su amor por el cine y la preocupación por la situación política.
A veces me entra la tristeza no tiene la ligereza romántica de Before Sunrise (1995) de Richard Linklater ni la urgencia política de The Year of Living Dangerously (1982) de Peter Weir. Se mueve al ritmo de sus protagonistas, sin prisa pero con curiosidad. Los encuentros escenificados en el museo, en cines y parques, son atractivos sin ser turísticos. El tono es relajado pero intrigante. Se habla de política, hasta aparece un monumento a Karl Marx, pero su interés es más amplio. Está relacionado con una comparación histórica y en la ética de estudiar a otras personas, cualquiera que sea su situación económica.
Eva Bianco, actúa con mucha naturalidad como si fuera un alter ego de la directora, aunque es mayor que ella. Este es el primer papel protagónico del respetado crítico argentino Roger Koza, después de una fugaz aparición en Magallanes de Lav Díaz. Por un acierto de casting o talento en la actuación su Dante es un historiador perfecto, un poco autista, concentrado en su objeto de estudio más que en sus alrededores. Es claro que Eva y Dante están recelosos de iniciar nuevas relaciones a pesar de sus obvias afinidades y María Aparicio, evita cualquier acercamiento físico entre ellos. Funciona casi siempre porque evita un romance estereotipado pero también vuelve incómodas algunas escenas, como cuando los protagonistas hablan del estado del mundo sentados en una playa sin mirarse ni una sola vez.
Esta es la cuarta película de María Aparicio -estrenada hace unas semanas en Giornate degli Autori en el Festival de Venecia en donde ganó un premio de dirección. El único tropiezo, es una voz fuera de cuadro inútil e impertinente.
La narrativa de la película desemboca en una parte documental, Dante hace una serie de entrevistas tipo cabezas parlantes a trabajadores de diferentes etnias, que hablan de resistencia y desesperación. Busca las similitudes de las condiciones laborales que estudió Bialet Masei en 1908 en Argentina y las de los migrantes en el mundo. Al final, una mujer africana Anita Flore canta Misty para nosotros.
Director, guion: María Aparicio
Productor: Ana Apontes, Rodrigo Guerrero, Ramiro Sonzini, María Aparicio
Reparto: Eva Bianco; Roger Koza
Fotografía: Ezequiel Salinas
Edición: Ramiro Sonzini
Sonido: Federico Disandro
Compañías productoras: La buena hora (Argentina) , Las Flores en coproducción con Mordisco Films (España)
Pyewacket Films, Cosabona Films, Brava, Pifostio Films, Pasajes Invisibles, Zampano Producciones
Ventas internacionales: Paper Moon
Muestra: Festival Internacional de San Sebastián (Zabaltegi)
En español
93 minutos
