Una mezcla operática de realidad, ficción, adaptación literaria y biografía especulativa, La Bola Negra trama un melodrama excesivo en torno a la vida, el legado y la leyenda de Federico García Lorca, uno de los íconos culturales y mártires gays más perdurables de España.
Codirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, quienes fueron pareja por un periodo, conocidos en España como “Los Javis”, esta extensa obra épica está armada con opulencia en múltiples capas, a veces para su propio detrimento. Pero es también una celebración descaradamente camp de lo queer, la creación artística y la liberación sexual visualmente arrebatadora y audazmente ambicios. No sorprende ver a Pedro y Agustín Almodóvar en los créditos junto a su productora El Deseo.
El impulso de La Bola Negra ha ido creciendo desde su estreno mundial en Cannes en mayo pasado, donde obtuvo críticas mayoritariamente positivas y un premio compartido a la mejor dirección para los Javis. Desde entonces, ha ganado premios en los festivales de Toronto y Sidney, ha sido adquirida por Netflix y ha sido seleccionada como la candidata oficial de España a los premios Óscar. El debut de la película en su tierra natal en San Sebastián esta semana, previo a su estreno en cines el próximo fin de semana, ha estado acompañado de una gran fanfarria promocional, que incluye un retrato gigante de Lorca hecho con arena en la playa principal de la ciudad. Esta no es una película para sutilezas.
La Bola Negra presenta un tríptico de tramas con saltos temporales que abarcan más de 80 años. En la primera de ellas, ambientada en 1932, un guapo joven llamado Carlos (Milo Quifes) solicita la membresía de un exclusivo casino en Granada, solo para ser rechazado por la junta mediante una votación secreta con bolas blancas y negras; de ahí la bola negra del título y el origen del término en inglés “blackballed” (vetado). Los jefes del casino rechazan la petición de Carlos debido a los escandalosos rumores sobre su homosexualidad, la cual no es un secreto para su familia y amigos quienes insisten en que debe negar su verdadero yo para ser aceptado en la refinada sociedad burguesa. Este capítulo, según se revela, está adaptado de fragmentos de una novela semiautobiográfica que Lorca dejó inconclusa cuando fue asesinado por milicianos fascistas en 1936 en circunstancias que siguen sin explicarse hoy en día, aunque su sexualidad abierta y sus simpatías socialistas lo convertían en un blanco obvio.
El principal arco narrativo, situado en 1937, protagonizado por el canta-autor
Guitarricadelafuente, alias de Álvaro Lafuente Calvo, en su primer papel cinematográfico como Sebastián, un joven músico sensible que es obligado a unirse al ejército Nacionalista de Franco durante la Guerra Civil Española. Cuándo está en el servicio militar en la costa norte de España se hace amigo de un prisionero herido del lado republicano, Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau). Aunque supuestos enemigos mortales ambos desarrollan un lazo sensual, ilícito, con gran carga erótica que, de ser descubierto, podría castigarse con la muerte. Rapún, una persona verdadera en un entorno de ficción. sensual, fue un actor, jugador de futbol y amante ocasional de García Lorca. Era también un hombre dramáticamente guapo y Bernardeau está fotografiado como un objeto sexual radiante, magnético, delicioso.
Estos episodios históricos están entrelazados con una línea argumental contemporánea ambientada en 2017. En ella Alberto (Carlos González) escritor e historiador que vive en Madrid lucha contra varios problemas, en particular una relación espinosa con su madre, Teresa (Lola Dueñas), aficionada a la bebida y a las drogas. En medio de sus enfrentamientos, Alberto descubre un secreto familiar que conecta con los destinos entrelazados de Sebastián y Rafael, arrojando nueva luz sobre una obra inacabada de Lorca. Añadiendo una capa metaficcional extra, “los Javis” comparten los créditos del guión con el dramaturgo Alberto Conejero, cuya obra teatral de 2013 La piedra oscura proporciona la trama central de esta película.